miércoles, 18 de enero de 2012

Filosofía Nahuatl: presencia de Dios



”No por siempre en la tierra,
sólo breve tiempo aquí.
Aunque sea oro se rompe,
aunque sea jade se quiebra,
aunque sea pluma de quetzal se desgarra...
¡No por siempre en la tierra,
sólo breve tiempo aquí!"





He aplazado mucho la redacción de esta ocasión porque no quería demeritar la importancia de su contenido con conocimientos erróneos, sin embargo he decidido no dar una clase del tema a tratar sino más bien compartir esa agradable impresión que tuve cuando conocí el mismo.

Fue en la clase de filosofía mexicana en mis estudios del Seminario cuando me tocó investigar un poco de la filosofía náhuatl y di así con una de las expresiones más hermosas del pensamiento humano precolombino de nuestro país. La filosofía náhuatl invierte su energía en hacer del hombre y la mujer un verdadero ser humano en relación, es así que todo lo que entre en relación con el ser humano sea importante, desde su hermano hasta el último mineral o la más pequeña forma de vida.

Los tlamatinimes eran precisamente aquellos hombres sabios, responsables de formar en los hombres y las mujeres un rostro y un corazón.  La idea podría simplificarse de la siguiente manera: toda creatura que nace aun no es dueño de su rostro ni de su corazón. El hombre necesita aprender a ser hombre y la mujer necesita aprender a ser mujer, ambos dueños de sí mismos. Y así se iniciaba un proceso de formación en el que los tlamatimines enseñaban por medio de la reflexión y la investigación, la importancia de esa dualidad filosófica que ellos descubrían.

Su objetivo era conseguir que los hombres y las mujeres tuvieran un corazón firme como la piedra y un rostro sabio. Dueños de su cara y de su corazón. No como una máscara obviamente sino como una verdadera construcción interior.

De esta breve y burda descripción general surge mi reflexión en esta ocasión.

Dice la doctrina de nuestra fe que existe algo llamado “las semillas del verbo”. En los individuos son ideas, pensamientos, convicciones, deseos, decisiones, esfuerzos, iniciativas verdaderos, buenos o bellos, o encaminados a la verdad, al bien o a la belleza, en definitiva, a Dios. El Espíritu Santo ha actuado siempre en todos los hombres y en todos los tiempos. Precisamente en esta filosofía náhuatl no encontramos contradicciones sustanciales con el mensaje de liberación y salvación de Cristo. Aun más podemos encontrar verdaderos paralelos que se diferencian únicamente por su expresión.

Los tlamatinimes enseñaron a los “macehuales” la importancia del respeto a sí mismos y la necesaria construcción de una humanidad intachable al mismo tiempo que exigían la valoración de la vida en común, la interacción social. Y por último la gratitud a ese “Dios desconocido” como lo hubiera llamado también Pablo frente a los náhuatl.

Y sin embargo ya desde su simple filosofía podemos encontrar valiosísimos elementos que nos ayudan a reflexionar en nuestra pura humanidad.

Ser dueño de un rostro y de un corazón sigue siendo una invitación valida. El hombre y la mujer corremos siempre el riesgo de que alguien o algo sea dueño de nuestro rostro y de nuestro corazón. Nuestros rostros no son, muchas veces, “sabios” sino que adoptan las formas de las modas fugaces y de los pensamientos efímeros que se alteran con los intereses de los que los venden. Nuestro corazón marcha sin rienda al galope de emociones y sensaciones y terminamos atropellando a fuerza de corazón a nosotros mismos y a otros. La firmeza que se esperaría de nuestro corazón y que tiene mucho que ver con la fidelidad a lo que es verdadero y bueno, como nuestros ideales, nuestros principios, los compromisos conyugales, la responsabilidad paterna, a veces es inexistente.

Si miramos a nuestro alrededor descubrimos muy pocos hombres y mujeres dueños de un rostro y de un corazón. Confundidos vamos viviendo la vida dolorosamente no queriéndonos adueñarse de ella o lastimándonos porque quisimos hacer responsable de nuestra vida a otros.

Pudiéramos justificarnos diciendo que esta triste visión de hombres y mujeres vagos se debe a que tampoco hay tlamatinimes. Sin embargo hemos de decir, ahora desde nuestra fe, que los cristianos tenemos en Cristo a ese, ya no tlamatinime, sino a ese maestro y dueño de la vida que complementa y nos ofrece toda la verdad que necesitaríamos para iluminar nuestra vida y así no vivir perdidos. Dios mismo ha venido al mundo como hombre, para enseñarle al hombre a ser hombre, y más aún su nueva identidad divina, don de su misericordia.
¿Encuentras en ti mismo estos estragos de no ser dueño de tu rostro ni de tu corazón? Búscalo. Él te enseñará el valor de tu vida y la importancia de hacerte responsable de ella y nadie más. Su amor te dará ese rostro sabio y ese corazón firme. Búscalo. 

miércoles, 11 de enero de 2012

Dios me festejó mi primer aniversario

El pasado domingo 8 de enero celebre con gran alegría y gratitud a Dios, mi primer año de sacerdote. Me había propuesto hacer una campaña de concientización a mi mismo de lo que aquel día significó para mí. Para hacerlo aproveche uno de mis pasatiempos favoritos, la edición de imágenes (en lo que soy totalmente un amateur pero que me gusta mucho) y usando imágenes del rito de la ordenación hice un recorrido de los momentos que recordaba claramente sin necesidad de ver fotografías.

Fui publicando una y otra imagen con textos al margen, de las palabras que coincidían con esos recuerdos. Así me dirigía hacía mi aniversario sacerdotal. Una alegría más se agregaba a la satisfacción de facto de la campaña, y es que había sido invitado a dar un retiro a los seminaristas menores de bachiller. La temática: las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad. Al gusto de regresar a la casa que vio edificar mi vocación para regresarle algo de lo tanto que me había dado se le sumaba la tarea de reflexionar y exponer el tan fundamental tema y que ciertamente nunca había asimilado de manera personal.

Así el sábado entre la emoción a flor de piel, por el aniversario de ordenación, la alegría de servirle al seminario y la profunda reflexión de las virtudes teologales olvide asistir a una boda a la que me había comprometido con una pareja de muchachos que arduamente estuvieron preparando junto conmigo su enlace matrimonial.  Treinta y cinco minutos después de la hora fijada recibo una llamada para decirme que “me estaban buscando para una boda”. La sangre se me fue a los pies, los dedos se me pusieron helados y una profunda vergüenza se manifestó en mi cara, lo sabía porque podía verla desde dentro. Me di a la tarea de llamar a medio mundo, empezando por la parroquia en la que iba a celebrar dicho sacramento hasta que en algún momento conseguí un número móvil al que llame y en el que me respondieron casi susurrando mientras en el fondo se escuchaba algún canto que no pude reconocer. Apenado pregunte por la persona que me había invitado a celebrar la boda y me contestaron: “No se preocupe Padre, ya estamos en misa. Le devolvemos la llamada más tarde”, así sin más que decir en ese momento simplemente colgué. Me senté en mi escritorio tratando de entender la situación. Me sentía terriblemente mal aunque al mismo tiempo saltaba el consuelo a favor de ellos que seguramente algún sacerdote por providencia de Dios los casó. Durante una media hora olvidé el aniversario, el retiro, el seminario y las virtudes teologales se me convirtieron en reclamo. Lo único que podía pensar era en el mal rato que debí hacerle pasar a este par de muchachos que tanto se habían esforzado por vivir al máximo su unión matrimonial.

En algún momento respiré hondo y me dije: “Me faltan hacer muchas cosas. Concéntrate.” Y seguí preparando el retiro. Aquella frase la he ido asimilando durante estos pocos días, porque se puede aplicar perfectamente a todo mi ministerio. Me falta mucho por hacer en mí mismo, por aprender, por organizar, por vivir. Es necesario que me concentre en lo que he de hacer cada día. Junto con esa frase recuerdo el momento de aquella llamada. En cuanto oí los cantos de fondo supe que la boda se estaba llevando a cabo. Dios es bueno, yo no. «Solo Dios es bueno» dirá Jesús, y lo que yo no pude hacer, Dios buscó la forma de que se realizará y puso los medios para remediar mi error.

Cumplí un año de sacerdote y lo celebré recordando la misericordia de Dios que me llamó a su servicio santo, pero al mismo tiempo reconociendo que siempre tengo que mejorar, que tengo que aprender, que tengo que pedir disculpas y enmendar mis acciones. Dios me regaló en mi primer año de sacerdote humildad y conciencia de mi servicio, quitándome del centro. Me explico. Aquellos días me embebí en mí mismo: Mi aniversario, mi retiro, mi exposición. Yo me ordené para el otro, no para mí. Dios me dio la oportunidad de servir y no de servirme.

Seguiremos creciendo y aprendiendo. Me encantan las correcciones de Dios, es muy creativo. Y no deja cabos sueltos, a mi me corrigió pero no dejó desprotegidos a aquellos muchachos. ¿Ven cómo Dios hace todo perfectamente?

Termino esto suspirando y con una sonrisa en los labios. Por dentro pienso: Él lo es todo. 

sábado, 7 de enero de 2012

Recuento grafico

Se que escribiré algo acerca de la alegría de celebrar mi primer año como sacerdote, sin embargo por lo pronto agregaré algunas imágenes que he editado y compartido con algunas frases que personalmente se hicieron presentes el día de mi ordenación o Palabras que me resonaron fuertemente y que quedaron grabadas en mi memoria.





Digamos que es como un flash back, en lenguaje vulgar, de lo que hace un año viví con gran emoción.