martes, 18 de diciembre de 2012

Luna feliz de navidad

¿Han visto la luna en estos días? Dense el tiempo de mirarla detenidamente y se darán cuenta de que tiene esa sonrisa blanca y brillante que hace del cielo de navidad uno de los mejores. Pero no siempre fue así. No claro, que no. Hubo un tiempo que duró miles y miles de años en que la luna era refunfuñona y amargada. Se burlaba de los hombres de los primeros tiempos porque en las noches en que ella no brillaba era muy difícil hacer algo y tropezaban y se caían.

Ahora que uno le pregunta por qué era así, ella contesta que sentía envidia por el sol y las estrellas, y esta envidia la cegaba de darse cuenta de que también era una obra maravillosa y querida de Dios. Sucedía que miraba cómo el sol tenía un lugar primordial y gracias a su luz y a su calor, las plantas florecían y todo tenía vida, en cambio a ella le tocaba ver a todos dormidos y lo que más le irritaba eran los ronquidos  de los hombres a diferencia de las risas que le tocaba escuchar al sol durante el día.

Incluso hasta la estrellas eran privilegiadas –decía ella- porque Dios las tomó en cuenta en aquella promesa hecha a Abraham «Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo»   En cambio de ella no se decía nada. Eso la enojaba mucho.

Aun a pesar de su enojo y su envidia hacia las estrellas, los luceros de la mañana que la veían llorar ya casi a punto de desaparecer del cielo por el brillo del sol, siempre le aconsejaban hablar con Dios por medio de una oración, pero la luna no las escuchaba, con actitud ignominiosa les daba la espalda y se iba sin despedirse.

Sin embargo una noche fría mientras quieta y sollozante miraba a todos dormidos , recordó las palabras de los luceros y empezó a hacer oración con sus ojitos cerrados: “Dios bueno, tú me creaste y sabes mejor que yo el por qué estoy en este mundo aunque cuando brillo todos duermen. Señor, a mi me gustaría ver cosas hermosas y obras magníficas. Perdona si te reclamo, pero es que en verdad no creo hasta hoy  haber visto algo de lo que pueda enorgullecerme…a no ser los ronquidos de tus hijos.”

Dios que la miraba con ternura desde su eternidad acaricio su blanca cabeza y después señaló un punto en la tierra. La luna fijó su atención y fue aguzando la vista en aquel punto, vio primero algunos valles, después algunos pequeños montículos, y luego un caserío desde el que de nuevo percibió los ronquidos de los hombres y las mujeres que dormían plácidamente. A punto de dejarse invadir  de nuevo de un sentimiento de decepción escucho un llanto infantil hermoso. Buscó desesperadamente de dónde provenía, se fijo por las ventanas de todas las casas, con riesgo de asustar a algún fulano con su resplandor incomodo. Siguió buscando luego en las posadas, hasta que afinando el oído y entrecerrando los ojos cayó en la cuenta de que aquel llanto provenía de un establo. «¿Un establo? ¡No puede ser!» se dijo a sí misma mientras se acercaba con mucho cuidado a aquel tejaban. Se asomó por una pequeña rendija del techo y lo que vio le hizo cambiar su color blanco a un tenue y celestial azul. Un muchachita cargando en sus brazos un bebe hermoso y radiante como el sol, y un varón fuerte y educado sosteniendo con asombro y admiración un pequeño candil.

Cuando Dios volvió a tocar su hombro la luna volteo a mirarlo, y Dios le dijo que era su Hijo y que ella, la luna,  era el cuarto ser que lo había visto recién nacido. – Te tengo una misión- le dijo Dios muy seriamente – Voy a mandar a un Ángel con una estrella brillante en las manos y que ira conduciendo a unos reyes hasta este lugar, pero primero acompaña a mi Ángel para que los pastores que cuidan el rebaño a oscuras tengan un poco de luz. Hoy no brillará ninguna otra estrella que la de Belen, así que necesitamos tu brillo- La luna no podía creer que le estuvieran pidiendo semejante favor, cuando ya había tenido el privilegio de haber sido de las primeras en haber visto al Mesías, al Dios hecho carne, en sus primeros momentos de nacido.

De allí que especialmente en estas noches puedes desvelarte un poco y platicar con esta luna sonriente y enamorada, para que te describa la escena que ella pudo ver desde una rendija del techo del portal. Si conversas con ella sentirás su emoción desbordada que describe la dulzura de María, la cara de admiración y devoción de José y la pequeñez divina del niño Dios.

Llegado el tiempo te contaré la otra historia que solo la luna vio y que la hace de todas las creaturas del mundo, una de las más dichosas. 

martes, 20 de noviembre de 2012

La inutilidad de la belleza

Supongo que mucho afecta la personalidad propia en aquello que mas nos gusta ver de Dios. A mi me impacta sobre manera su delicadeza artística. Todo lo que ha hecho, lo ha hecho hermoso (sin restar importancia al orden y a la eficiencia del cosmos).

Y es que me encanta quedarme suspendido en un profundo suspiro cuando veo un cielo estrellado o la cordillera de montañas tan próximas e imponentes aquí cerca de donde vivo, y así como esta mil cosas más que he visto y millones que me faltan por conocer. 

Sucede que no imagino a Dios atareado en un su eterna ciencia dándole solo un objetivo de utilidad a su creación, sino que lo veo pensando, también, en que todo aquello pudiera servir de "inspiración". Pensando así, las águilas elevadas a gran altura vuelan alto no solo para percibir a sus presas sino para inspirar al hombre a volar aún más alto sin necesidad de alas. 

Definitivamente lo bello no es siempre útil  y no tiene la obligación de serlo. Algunas cosas hermosas incluso carecen de un sentido razonable, existen y están allí quizás con la única "utilidad" de inspirar, si es que las obligáramos a ser eficientes. Su fin es elevar el espíritu y ayudarlo a aspirar aires de una belleza eterna como la de la aurora boreal, que no tiene más función que embellecer aún más el cielo. 

Es bajo todo esto que admiro la belleza de lo creado por lo artistas que en cada disciplina, con verdadero arte, mueven al ser humano a ser mejor, solo inspirándolo. 

Considero así, que el hombre tiene en sí mismo una efervescencia que aflora a través de la imaginación y que consecuentemente crea una belleza. La gran materia prima de las mejores cosas que se han creado en este mundo han venido de la imaginación, de la creatividad de hacer cosas bellas. 

El hombre dentro de sí, tiene ese mismo afán de Dios de crear y terminar diciendo "esto es bueno", y ese afán lo lleva a crear primero ilusiones fantasiosas de "superhombres" con virtudes heroicas y corazones nobles . Estas son un autoreclamo a ser precisamente ,eso, que esos personajes son. 

Es curioso ver cómo actualmente la literatura de fantasía tiene un gran empuje entre los jóvenes, con monstruos, vampiros y hombres lobos que para otros fueron motivo de miedo y ahora son personajes capaces de amar y de sacrificarse, así como maguitos, niños valientes, etc. ¡Que bueno que existen esos personajes! porque son un auxilio extra para crear generaciones con distintos afanes y actitudes que las de destrucción que ahora ven a menudo. 

¿Son personajes, es fantasía? sí, lo son. Pero las virtudes son reales y muy posiblemente Dios este detrás de la pluma de Tolkien, C.S. Lewis y otros. Otros como quienes en su tiempo hicieron derivar de San Nicolás a San Claus haciéndolo más atractivo para los niños. 

Lo siento, quizás todo lo anterior lo he escrito para justificar algo que sin embargo no es solo "Santa Claus" sino todo ese mundo de fantasía e imaginación que tanta falta le hace a nuestros niños cuando el mundo actual tiene tantas balas e intereses mezquinos.

Por eso este año no me pelee contra los muchos mounstritos y brujitas que salieron el 31 de octubre a pedir dulces, mi labor no es pelearme con ellos y reventar en una discusión desde el púlpito señalando culposamente a quienes hayan celebrado una fiesta pagana que resulta de un sincretismo anglosajon semejante al que nos hace tener matlachines y demonios de la danza el 12 de diciembre frente a la Guadalupana en una clara manifestación de nuestros propios sincretismos.

Prefiero ser paciente como Dios y usar toda mi vida y ministerio para aclarar y promover la importancia de la fiesta de los Santos, de los fieles difuntos, y la historia magnífica (como la de todos los santos) de alguien amante de Cristo y que en un reflejo divino, destella la generosidad de Dios a través de regalos, que llevan alegría. 

Creo que nuestros actuales "malitos" son precisamente niños que no tuvieron la oportunidad de soñar que pudieran ser bueno y honorables como algún personaje de fantasía. Yo me propongo seguir haciendo soñar a los niños con virtudes heroicas a través hermosas imagines y mundos que no son reales ahora, pero que un día pueden llegar a serlo. 

Hoy habemos muchos sacerdotes, médicos, religiosas, y seguro obispos y Papas que creyeron en Santa Claus, el ratón (o los más elegantes "el hada") de los dientes, o algún otro de esos personajes y no salimos tan mal y fuimos y somos felices, así que no creo tener el derecho de quitarle a nadie esa belleza "inútil"  que sin embargo es muy inspiradora. 

P.D. Y claro que creo en Santa Claus, conozco a muchos, que son hermosos y que se quitan el pan de la boca para que los niños tengan un regalo.
P.D.2 Me adelante mucho quizás con el tema, pero creo que puede ser muy liberador. Al menos para mi.


miércoles, 24 de octubre de 2012

Dejarse amar: la cuestión de la fe


Reconozco mi falta de sensibilidad a un fenómeno cada vez más recurrente en el ministerio de la confesión. De cuando en cuando, pero sin falta, vienen y se ponen de rodillas con verdadera preocupación algunos fieles pidiendo perdón “por su falta de fe” o algunos otros porque ya no “creen igual”. Viendo otros treinta penitentes en fila esperando la confesión mis respuestas se acortan y terminó recomendándoles buscar alguna catequesis, un grupo, o en el mejor de los casos la lectura de algún evangelio  a fin de presentarlos cara a cara con ese Cristo que gusta darse a conocer por muchos medios, y del que es necesario “buscar su rostro” como ya desde antiguo anhelaba el salmista (Salmo 26).

Pero cuando tengo un poco más de tiempo o me decido a de alguna manera “ignorar” la presión sacramental masiva, me detengo a explicarles, especialmente a los jóvenes, que aquella preocupación de incredulidad es un magnífico signo de un corazón que sin que nos demos cuenta esta sediento de la iniciativa amorosa de Dios, pues al fin y al cabo es él quien “nos amó primero” (1Jn 4,19). Les explico que la fe verdadera no es un conjunto de actividades, o de cumplimiento de reglas, la fe es una relación y una relación de amor con Dios, relación de amor con Dios en sus tres distintas personas, relación de amor que para mí, que soy humano, conlleva toda ese menú de experiencias emocionales que van desde el enamoramiento cautivador, hasta las lagrimas desesperadas, el miedo deshonroso, la rutina pasmosa de lo cotidiano, hasta el coraje y el grito molesto de incomprensión. Dios sabe que somos humanos y que su amor se dirige a seres con esta gama, a veces inestable, de emociones. Por eso la fe es “dinámica” y siempre viva.

Este año por inspiración del Espíritu Santo, nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI, ha proclamado el año de la fe. Ha convocado a la iglesia a una “reflexión y redescubrimiento de la fe” manifestada en una “verdadera conversión al Señor”, así lo dijo en la iluminadora Carta Apostólica “Porta Fidei” al momento de la proclamación.

Dios va dirigiendo poco a poco nuestros corazones y nuestras mentes a esta reflexión si nuestro corazón está dispuesto a su luz. A mí, de manera muy especial, me ha dado en estos últimos días la oportunidad de establecerme preguntas fundamentales acerca de la experiencia de fe, de su transmisión, de los creyentes y de los no creyentes. Y todas estas preguntas se encarnan de manera muy especial al reconocer por fin, la relevancia de este fenómeno que empecé compartiéndoles.

Dentro de este sin número de casos que menciono al principio quisiera resaltar uno que también tiene su frecuencia recurrente. Los papás que se acercan profundamente mortificados porque alguno de sus hijos declara con gran firmeza que creen en Dios pero no en la iglesia, o que tajantemente afirman, que no ven la necesidad de creer en Dios.  Y en su afán de sacarlos de ese “bache de incredulidad” los papás empiezan explicando con suavidad y terminan -ante la indisposición de sus hijos- vociferando un regaño e imponiendo una dura reprimenda. Los entiendo, y los entiendo porque es un fenómeno que no solo se da en las familias católicas sino en el mundo entero. Este mundo pragmático no le haya utilidad a la fe.

Dos cosas me detengo a pensar en cuanto a esto. Primero, esa impotencia, ese enojo ante los “incrédulos” tiene que convertirse en la iglesia en un férreo afán por considerar nuevas formas de transmisión de la fe, porque tenemos que aceptar que las que usaron con nosotros quizás ya no sean funcionales. En vez de gritar, condenar y excluir a los que no alcanzan a entender la maravilla de creer en Dios, vamos a mostrar un rostro compasivo y lleno de paciencia como el que Dios nos muestra cada día. Y en segundo lugar, es necesario invitar al mundo a dejarse amar por Dios, como nos dejamos amar por nuestra madre o nuestro padre cuando somos niños sin ese soberbio y mezquino “sentido de la utilidad”. El amor sirve para algo claro que sí, pero el verdadero amor nunca nos servirá para comprarnos una camioneta del año, sino para ser verdaderamente felices y perfeccionarnos como personas. Es así que este amor “gratuito e inútil” sirve simplemente para ser verdaderos seres humanos y herederos del cielo.

Tenemos frente a nosotros en este año de la fe una empresa importante. Reconocer que nuestra fe y la fe que debemos ofrecer como iglesia es una relación con Dios, con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Que para iniciar esa relación debemos responder a un amor que Dios ya nos tiene, buscando su rostro, conociendo su voluntad, y es ahí donde la iglesia, sin más pretensiones  dará a conocer el eterno amor de Dios,  presentará frente a los “incrédulos” no a una institución sino a una persona: Cristo, esposo de la Iglesia.

Date la oportunidad de vivir este año de la fe de manera muy concreta, conociendo, reflexionando y redescubriendo tu fe en ese alguien terriblemente cautivador y cercano.

jueves, 4 de octubre de 2012

El amante de estrellas


"Todas las noches miraba al cielo esplendido y estrellado. Se enamoró de las estrellas y de su resplandor místico y divino, áureo y refulgente -Son diamantes sagrados del gran tesoro de Dios- se repetía una y otra vez mientras alzaba sus manos con el fin de tocar al menos una de ellas.

Aquella noche esos diamantes brillaban aún más en la orlas de una aurora como en un vestido magnífico y regio. Cerró sus ojos y en una plegaria saturada de fe y de anhelos pidió ser conducido hasta una de ellas. Abrió sus ojos y sintió como su plegaría había sido escuchada, poco a poco se elevaba dejando abajo su terruño. Su emoción crecía en el pecho a punto de explotar. Su oración había sido escuchada y estaba a punto de conocer a uno de esos brillantes amores.

Subía cada vez más, y más aprisa cada vez, y aquella sonrisa desbordada sobre los labios fue menguando poco a poco al irse acercando a una de ellas hasta convertirse un gesto de disgusto. Podía ver de cerca ahora un cúmulo de tierra bañada por algunos gases más bien transparentes. La magia eterna lo depositó con cuidado sobre aquel pedazo de tierra o lo que fuese. No brillaba, no había destellos hermosos  sino una tierra firme y sin mayor magia. ¿Se había equivocado? ¿Lo habrían llevado por error a otro lugar? No, no podía ser. Él mismo no había querido cerrar ni apartar los ojos al de su destino, aquella era una de las estrellas más hermosas que veía durante la noche. Enojado, ahora la plegaria ya no fue silenciosa y habló grito en pecho. -¿Qué es esto? Esta no es mi estrella. Esta no deslumbra ni reluce. No puede ser ella.

La Eternidad resonando más magnifica que nunca le habló –Esta es tu estrella. La que vez desde tu terruño. La que ha enamorado no solo tus ojos sino tu corazón. Nunca te ha mentido. De esto que vez y palpas, siempre ha sido. Con esto que vez, es que ha brillado- Dijo compasiva la voz divina y continuó.

 –Triste es la vida del hombre que se ciega a reconocer que las  más bellas figuras están hechas de burdos esfuerzos y áridos momentos, de esfuerzos sudorosos y dolores terribles.

Pero el hombre necio valora las más de las veces estas hermosuras solo habiendo lejanía, porque no soporta ver los detalles, las cicatrices, las imperfecciones. No han aprendido a amar los esfuerzos y las fatigas, las reedificaciones y las añejas paredes que todo soportan. Se embelesan con los brillos lejanos porque no saben soportar la realidad opaca de ese brillo eterno.

Lloran las estrellas que fenecen mientras les dan la espalda a las tantas que se están construyendo junto a él... esta es tu estrella a la que tantos poemas escribiste. Tu privilegio es hoy mayor porque la has conocido tal y como es. Yo la veo brillante siempre, tu, solo la ves brillar cuando está lejos de ti.-

Aquel amante de la estrella se siento pequeño y mezquino, se postró sobre la estrella y se ensució los labios dándole un beso. Había besado a su estrella, esa que tanto había soñado.

La magia eterna lo devolvió a su terruño. A partir de aquel momento, en los días en que las nubes impiden ver las estrellas, no se sintió solo, no se sintió sin ella. Sentía aquel beso en los labios. El beso de lo que en realidad su estrella era."

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Los hombres miran al cielo y se enamoran de las estrellas...Dios desde las estrellas miró al mundo y  se enamoró de los hombres como son y con la esperanza viva de que lleguemos a ser lo que él pensó que fuéramos.

lunes, 1 de octubre de 2012

De risas como campanas


He reparado en un detalle. Me da la impresión de cada vez río menos. Eso es preocupante, sobre todo porque la risa es un banquete delicioso y gratuito del que nadie debería prescindir.

De hecho recomendaba un doctor en alguna revista científica la necesidad de “30 minutos de ejercicios al día y 15 minutos de humor”. Se me hace poco habiendo tantas cosas de que reírnos, en especial de nosotros mismos.

Creo que es necesario reconocer que a veces podemos perder la capacidad de reirnos de cosas que antes nos hubieran provocado una carcajada y que ahora solo nos merecen esa horripilante cara de fastidio vergonzoso ante una “ridiculez”.

Algunas ocasiones me he encontrado frente a la pantalla de mi computadora en el buscador de videos atacado de la risa viendo algunos “bloopers” de mis series favoritas o alguna burda recopilación de caídas. Y es que cuando empezamos enfermarnos de esa seriedad acartonada que se prohíbe perder la formalidad, ya perdimos de nutrirnos de algo que no engorda ni hace daño.

Adoro recordar que hubo un tiempo en el que siendo niño reía por todo, especialmente por ver reir a otros. Así que ahora atesoro aquellos momentos en los que me permito reír por cosas tan simples. Como aquella vez en que aún siendo seminarista regresaba del apostolado y en el autobús proyectaban en la pantalla algún capítulo del “chavo del ocho” y no pudiendo contenerme empecé a reír a carcajadas mientras la gente me veía asombrada hasta que ellos terminaron por poner atención al programa y a sus simplezas y terminamos riendo todos. Reír es de los mejores regalos que nos ha dado Dios, quien no deja de admirarme al reconocer que pensó hasta en esos detalles.

Durante mucho tiempo me pregunté porque en los evangelios no aparecía ningún pasaje dónde Jesús estuviera riendo. No podía ser posible que ese hombre perfecto no hubiera reído. Así que un día en oración asumí una verdad muy personal. Lo que los evangelios no me contaban, me lo decía mi relación personal con él Yo que lo conozco pude ver en mi imaginación su sonrisa tierna cuando abrazo y bendijo a los niños que los apóstoles intentaban alejar (Mc 14, 16) pude imaginar esa sonrisa traviesa cuando les volteó de manera genial la pregunta con la que intentaban hacerlo caerlo los sumos sacerdotes y los ancianos (Lc 20, 1-8) o las risas que debieron brotar en esas múltiples cenas que acostumbraba tener con Mateo, Zaqueo, en la bodas de canaan, etc. ¡Claro que Jesús reía!

Hasta en ese sentido tiene tanta razón Jesús cuando dice que para entrar al reino de los cielos hay que ser como niños. No hay ser más risueño que un niño, y un niño que no ríe es porque está enfermo o le han robado su maravillosa inocencia. Es propio de los niños reir, así que no dejes de ser niño.

Es necesario aprender a reír de uno mismo y de sus caídas, errores, confusiones, etc. Adoro la risa que me provoca confesar niños, como aquellos dos hermanitos que fueron a confesarse conmigo. Paso primero el mayor de unos 9 años y se confesó de quitarle las tapas de las llantas a los carros nada mas por diversión, para que después pasará el de 8 años y cuando le pregunte: ¿Y tu de que le pides perdón a Dios? –Me respondió – De ayudarle a mi hermano. En ese momento no pude más que reírme y dejar que él también riera. Ya después vendría la penitencia necesaria.

Es necesario reír, las risas de los inocentes son campanas que anuncian la presencia del Espíritu Santo en estos templos imperfectos en los que Dios gusta habitar.

Si tu eres mamá, no olvides en medio de los cansancio reales de tu sacrificada labor reír de las simplezas de tus pequeños, si tu trabajas en un ambiente hostil, un sonrisa te hace diferente a todo tu ambiente y una dosis de risa alivianará tu trabajo. Si hace mucho tiempo no ríes, invierte en recuperar tu risa, pero recuerda que los mejores motivos para reír siempre son gratuitos.

 

sábado, 15 de septiembre de 2012

Ciento...!!!emoción¡¡¡

Nuevamente me doy el permiso este año de hacer un anuncio solemne de algo que me emociona cual niño pequeño con promesa de regalo. A partir de hoy faltan 100 días para la celebración de la Navidad.

Y en esta ocasión la motivación es mayor porque en este terruño mío hoy amaneció lluvioso y fresco después de una larga ola de calor, y aunque todos vayan gritando y corriendo con nuestra bandera nacional, yo me permito sacar una sonajilla roja de cascabeles y hacerla sonar para que desprenda como un perfume que inunda todo, ese alegre sonido que ya espero escuchar con más frecuencia.

Así que mis queridos lectores, este escritor aficionado, empieza a prepararse para volver a perder la cordura  y la madurez y empiezo a convertirme en niño, como aquel Benjamin Buttón.

Que disfruten este tiempo, que yo haré lo mismo.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Superhéroes sin capas, ni mascaras


Todos los niños en algún momento quisimos ser superhéroes, y hablo especialmente de los niños varones, aunque seguramente muchas niñas también tuvieron a sus superheroinas admiradas.

Los veíamos en las caricaturas de la televisión o en los comics realizando proezas a favor de los que se encontraban en peligro o riesgo, salvando vidas, defendiendo a los indefensos, etc.  Precisamente pensando en esas caricaturas o imágenes de la infancia y de mi devoción a ellas he reparado en algo significativo. La admiración hacia aquellos personajes tenía su punto culmen en el bien que podían hacer, de manera muy simple dejaban una lección moral que los niños quizás no alcanzábamos a entender pero que se resumía en aquello de que “el bien siempre triunfa sobre el mal”

Los superhéroes, personajes sacrificados y valientes, recios y siempre llenos de esperanza, inteligentes y educados, eran “superhombres” porque aunque vinieran de otro mundo no dejaban de tener figura humana quizás por el anhelo de los caricaturistas de que la figura humana contara en sí con aquellas virtudes.

Poco a poco los superhéroes, han venido a menos, se desvió la atención de sus actos heroicos a la simple atracción morbosa de sus “super-poderes” y actualmente vemos a un montón de personajes con poderes excepcionales y con graves conflictos internos, ya no son “superhombres”, son simplemente mutaciones o simples “accidentes científicos”.

No nos desviemos del tema, mi intención no es criticar este subproducto cultural (comic) que ocupa el noveno lugar en la clasificación de las artes, sino entender cual pudo ser la motivación inicial de quien habría creado el primer superhéroe. Se trataba de postular ante la sociedad a un ser, humano en su imagen, pero sobrenatural en sus virtudes y potencialidades siempre dirigidas al bien común. Y es precisamente esta anterior definición algo que fácilmente podríamos traducir en la nobleza del alma cristiana y de esa santidad sobrenatural que nos mueve a hacer cosas por encima del horizonte humano.

Dios le da al hombre “superpoderes” sin que tengan que ser de otro planeta o sufrir un accidente químico. Tales capacidades le vienen al hombre de su propia voluntad y libertad, que lo hacen sacrificarse por los demás, luchar contra las injusticias, salvar vidas, promover la esperanza en medio del caos, y en vez de desaparecer de la pantalla en el momento del reconocimiento hacer una humilde referencia a quien lo sostuvo en medio de tan duras batallas.

Sin embargo, de esos héroes hay pocos… los hay gracias a Dios, pero son menos de los que deberían ser. Buscamos más bien los superpoderes caricaturescos, volar, sacar telarañas de los puños de las manos, trepar edificios altos, tener visión de rayos laser, u oído de largo alcance, pero pocos quieren sacrificarse, salvar vida y luchar por la injusticia tan presente en nuestra sociedad.

Necesitamos hombres y mujeres que reconozcan que Dios cree en los “superhombres” y nos dotó de lo necesario para lograrlo. Hombres y mujeres que anhelen superarse a ellos mismos y en vez de encerrarse con necedad en sus propios problemas (que jamás resolverán porque les gusta vivir de ese modo)  se abran a las necesidades de los demás. Superhombres  y supermujeres que le enseñen al mundo la maravillosa capacidad y potencialidad de la humanidad llena de Dios.

San Maximimiliano Kolbe no ocupó una capa para sacrificar su vida en intercambio por aquel padre de familia, la Beata Teresa de Calcuta nunca uso un antifaz para recoger a los niños que eran abandonados en las calles, el Beato Juan Pablo II voló en un simple instrumento humano en medio de sus enfermedades y su debilidad obvia, las últimas veces ya sin voz, a fin de que su sufrimiento fuera un mensaje de fidelidad a Cristo, y otros tantos héroes anónimos que se preocupan más por otros que por ellos mismos, mamás, papás, médicos, maestros, etc.

Basta para lograr la misión dejar de dar de nosotros lo menos y empezar a dar lo más. Somos, diría Jesús, lámparas encendidas que no se pueden esconder debajo de una mesa, sino dispuestos sobre ellos para iluminar la oscuridad. Se trata de erradicar ese pensamiento diabólico de que somos poca cosa y empezar a creer que Dios no ha enviado al mundo ningún ser inservible, y no solo eso, Él espera de nosotros grandes y maravillosas cosas. Y es que definitivamente fue realmente Dios quien ha creado los mejores superhéroes sin que sean personajes ficticios.  

sábado, 1 de septiembre de 2012

"Allí en lo secreto"



Fue para mí una novedad descubrir el modo en que la Gaudium et spes (Documento Conciliar) hacen de la conciencia y el corazón una misma cosa: “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente.” (GE 16)


Y digo que fue una novedad porque para la primera vez que leí lo anteriormente citado, identificaba la conciencia con una capacidad personal de razonamiento, un movimiento propio  en el que no intervenían más que mis propias consideraciones. Entendía sí, que era algo intensamente personal, allí donde yo podía descubrir el origen de todas mis motivaciones e intenciones, pero en el que no parecía existir más que mi propia voz y voluntad.

Visto de esta manera no era muy agradable acercarse a aquel “lugar” ya que tenía que encararme conmigo mismo y con un sin número de acciones  que nunca debí haber aprobado.

El corazón por otro lado consistía en aquel lugar de ensueño en el que solo habitaban sentimientos nobles, anhelos luminosos y esperanzas siempre despiertas. La conciencia oscura por un lado y el radiante corazón por otro.

Pero apareció frente a mi Gaudium et Spes inspirada por Dios en la que me dicen que ciertamente la conciencia y el corazón son uno solo y allí mismo puedo escuchar la voz de Dios que quizás por voluntad propia no había querido escuchar o yo mismo había ahogado, o al menos lo intentaba con mucha fuerza.

Motivado en esa reflexión distinguí -en una interpretación muy personal- tres pasos en aquella recomendación de Jesús acerca de la oración: “Tu en cambio cuando vayas a orar, (1) entra en tu cuarto, (2) cierra la puerta y (3) ora a tu Padre, que está allí en lo secreto…” (Mt 6, 6)

Para mi aquella recomendación a la oración que debe ser siempre constante, en todo lugar, requería entender aquel “cuarto” no como el espacio físico dentro de mi casa, sino más bien con esa conciencia, lugar del corazón y como más adelante dirá la Gaudium et spes, “Sagrario del hombre”. Alli estoy invitado a entrar y cerrar la puerta, dejando todo lo exterior y concentrándome en ese lugar íntimo y completamente personal, donde cuelga de los muros espirituales de mi ser infinidad de imágenes de mi mismo que me revelan en verdad quien soy, mis afectos, mis emociones, mis satisfacciones, mis incertidumbres, y allí en medio de todas esas imágenes sentado en una de las únicas dos sillas de aquel lugar encuentro a mi Padre “que está en lo secreto”, mirando junto conmigo todas aquellas imágenes pero con una cara no avergonzada como la mía sino más bien sonriendo al verme llegar. Es mi Padre.

Él toma la iniciativa “Dime cómo estas”, y se empieza un dialogo delicioso en el que no tiene sentido mentir o justificarme pues estoy frente al que lo conoce todo, incluso ese oscuro cuchitril que tengo por  “sagrario” personal y que durante la conversación se irá iluminando más y más. Eso es orar.

Precisamente por esto resulta imposible orar cuando no tenemos el valor de entrar en nuestra conciencia-corazón y reconocer todo lo que allí hay, cuando tenemos miedo porque sabemos que no solo nos enfrentaremos a nosotros mismos, sino que nos encararemos con Dios. Se vuelve a repetir aquel miedo de Adán y Eva que tontamente se esconden de Dios: “te he oído andar por el jardín y he tenido miedo porque estoy desnudo…”. Mostrarse tal cual frente a Dios, desnudos de mascaras, justificaciones, excusas, es algo que nos sigue aterrando.

Es necesario entender cuál es la intención de Dios al estar allí esperándonos en ese cuarto interior y personal. Él desea iluminar mis más oscuros temores, fortalecer mis dolorosas debilidades, aclarar mis enredadas confusiones y hacer resaltar las más bellas experiencias de mi vida. Cuando esto se hace frecuentemente vamos haciendo de ese “sagrario personal” una imponente y luminosa catedral donde Dios rige y dirige mi voluntad unida libremente a su voluntad amorosa y salvadora.

La interioridad es pues este proceso y capacidad de entrar en nosotros mismos. Se nota cuando no somos capaces de interioridad, es cuando buscamos el ruido distractor y los entretenimientos escandalosos con la intención de olvidar que existe ese espacio dentro de mí dónde puedo conocerme realmente, desnudo frente a Dios y sin vergüenza, porque frente a él nunca ha habido nada que temer.

viernes, 17 de agosto de 2012

Su majestad, la palabra


Que me corrijan los escrituristas si mi próxima afirmación no tiene nada de verdad. Antes de la luz, la separación de las aguas, la creación del firmamento, etc., existió la palabra, y no hablo propiamente del Logos (Cristo), cuya existencia es eterna por ser Dios de Dios –y de quien haremos referencia obligada más adelante- , sino de la simple expresión fonética o morfosintáctica que revela una realidad, y así antes de que existiera el fenómeno de la iluminación los primero que existió fue la palabra "luz" por la que fue creada tal iluminación. Eso, obviamente, siendo muy literales en la revelación bíblica.

Simplemente quiero decir que fue idea de Dios el uso de esto que nosotros llamamos “palabras” a fin de comunicarse, y su figura es tan relevante que al mismo Dios en su segunda persona, el mismo san Juan lo descubre como esa Palabra existente desde siempre. Y este Logos-Palabra  es proferido al principio de todo como palabra llena de amor, palabra creadora, palabra fecunda, palabra iluminadora, palabra llena de orden, palabra de esperanza. Estas fueron las primeras palabras que resonaron en el mundo con voz potente, magnifica y que fueron escuchadas por las primeras creaturas de la obra de Dios.

Incluso las primeras palabras recibidas por Adán y Eva fueron palabras de confianza y generosidad hacia ellos, Dios les hablaba con palabras llenas de amor y de esperanza. Y entonces en esta maravillosa creación por primera vez resonaron palabras de falsedad y el hombre también aceptó escucharlas y de aquella terrible caída, ahora ellos hicieron uso de palabras de acusación, de deshonestidad. Así empezó el drama del mal uso de las palabras. 

Cristo dirá claramente a sus apóstoles que “la boca habla de lo que está lleno el corazón”, y este principio tan revelador sigue descubriéndonos el interior del alma humana. Vivimos en una sociedad que exalta un derecho de libre expresión que es usado muchas veces como un derecho a contaminar el mundo con palabras cuyo mensaje es grotesco y cuyo contenido no hace más que reducir a bestial la imagen humana.

Lamento decirlo, pero hasta la palabra, esta antigua creación de Dios, más antigua que la luz misma, ha sido degenerada por el hombre. Cada vez son menos las palabras creadoras, las palabras de esperanza, las palabras que dan orden y forma, las palabras que iluminan con la única luz que de veras disipa las tinieblas de la humanidad.

Aterricemos un poco más esto de lo que estamos hablando en un fenómeno conocido por la mayoría de nosotros en la actualidad en este “boom” de las comunicaciones y de las redes sociales. No voy a abundar en lo obviamente erróneo de los mensajes indirectos llenos de coraje, de egoísmo, de revancha o de soberbia disfrazada de tristeza que suelen aparecer en nuestros muros de facebook o en algunos otros de esos artilugios. Más bien quisiera hablar de todos esos mensajes “positivos” arrancados de la “sabiduría” de un cantante de 16 años o de un actor de moda, o de algún desconocido en sus cinco minutos de inspiración. Hablo de las frases con una chispa de genialidad que hacen de la inmadurez emotiva una loable actitud a la que todos deberíamos acudir.

Y es que tenemos que reconocer que quizás todos en algún momento hemos sido víctimas de una palabra arrogante, cínica, hiriente que han dirigido a nosotros. Por eso vale la pena tomar las mismas consideraciones de seguridad que tenemos, por ejemplo con un cuchillo, que con una palabra. Las semejanzas en este método de seguridad son curiosas. Con los cuchillos no se juega (a menos de que estés en un circo y seas un ruso experto en medio de un show perfectamente montado y del que todos seamos conscientes), usa cada cuchillo para lo que fue creado (hay palabras difíciles por si mismas, ten cuidado con las que pronuncies). No corrijas nunca a un niño con un "cuchillo" le dejarás un cicatriz de por vida, nunca corras con un cuchillo en la mano (cuando estés acelerado, no hables, puedes herir a alguien) y si eres consciente de ti mismo podrás darte cuentas de cuantas veces has amagado a una persona con una palabra de manera violenta. 

Vuelvo a repetir, yo creo que lo primero que existió fue su majestad la Palabra y sus primeras pronunciaciones tuvieron una finalidad bellísima que debemos imitar. Úsalas, no es bueno callar cuando hablar hace tanto bien mientras se usen las palabras correctas. No te permitas nunca herir a alguien con una palabra y ten cuidado si tu boca continuamente profiere palabras de este tipo, porque eso revela frente a los otros, de lo que está lleno tu corazón.

lunes, 13 de agosto de 2012

Historia familiar-Historia de salvación





Me encanta escribir con un buen fondo musical y hoy lo tengo. Mientras escucho a una creativa y explosiva cantante mexicana con sus versos de huapangos y serenatas se me movió el alma para escribir acerca de mi familia.

Se debe quizás a mi origen sureño que las cosas que recuerdo tenga una pesada carga de sabor que no puede olvidarse y entonces el paladar me sabe a yerbabuena, rezos, zacate-limón, guanábana, muerte, queso fresco, historia de espantos, pasión de amor,  y Dios por delante. Esa es mi familia. Y su historia baila alegre con tambores tabasqueños y sones jarochos a jarana limpia y arpa elegante. Es delicioso a decir verdad.

Recientemente me encaré a esa realidad en un viaje familiar y disfrute no solo de las historias siempre novedosas del rancho nativo, sino de mi propia conciencia que pudo valorar ese bagaje. Escuchaba de aquellos amores legales e ilegales, de los que salieron hijos y bastardos, de las brujerías  que consiguieron a la larga desfortunios y de las cosechas que se lograron por obra de Dios. Al final del día una parte muy altiva de mi se avergonzaba de aquella historia de la que yo mismo surgí, pero un pizca de sabiduría divina me hizo sentirme feliz de mis raíces y valorarla como mi propia historia de salvación y de gracia.

Compartía con mi Jesús una misma sensación frente a la historia familiar. En mi caso con lo que ya he descrito, en caso de él, una historia familiar con incestos, infidelidades, suplantaciones de primogenitura, etc.

Necesitamos entender que Dios siempre ha hecho surgir la gracia de los ambientes más hostiles y oscuros que ha creado el hombre y así la salvación del mundo vino de esta familia narrada a lo largo del Antiguo Testamento, y así también, Dios ha regalado a mi familia llena de historia y leyendas la gracia de la vocación sacerdotal (próximamente con su favor en dos ocasiones) que nunca hubieran imaginado. La historia de mi familia me sabe muchas veces a historia de García Marquez, y me fascina la literatura de Gabo.

Ahora bien disfrutar de mi familia es algo que quiero compartir con ustedes para que lo hagan con su propia familia, sin vergüenzas, sino con las alegría de reconocer en medio de esa historia la huella de Dios que ha caminado con nosotros por todos los terrenos del mundo y a probado con nosotros los mismo sabores de nuestra tierra.

Yo seguiré disfrutando de cuando en cuando el sabor, a queso fresco y nata, de albahaca y canela, de historias llenas de sangre y de lágrimas, de soledades y pasiones, de allí también surgió la gracia, y  desde allí me llamó de Dios, desde mi familia, así como a ustedes los llama Dios desde sus propias familias.

Y concluyo escuchando de fondo ese maravilloso “Dios nunca muere” de Macedonio Alcalá. Este fue regalo de Dios.

lunes, 23 de julio de 2012

El complejo laberinto de las relaciones humanas

No se si el título sea correcto, porque me temo que terminaré refutándolo, pero lo que si creo es que es un comienzo muy cierto: relacionarnos entre humanos ha sido para muchos un verdadero laberinto en el que algunos terminan perdiendo la paz. 

Relaciones de amistad, de pareja, de trabajo, relaciones de hermanos o hijos, se ven a menudo lastimadas (en ocasiones gravemente) por que quizás aun no entendemos muy bien con quién tratamos cuando entramos en una relación humana. Va a sonar algo estúpidamente obvio pero tengo que decirlo, toda relación humana requiere al menos de dos seres humanos. Y todo ser humano es una amalgama histórica de sentimientos, afectos, experiencias, virtudes, defectos, ideales, ilusiones, etc, etc. Entrar en relación con un ser humano, implicaría en un principio sumamente básico entender,comprender y aceptar esto.

Todo ser humano es distinto, y aplicar los mismos principios de entendimiento es algo erróneo. Pensar que puedo iniciar una amistad del mismo modo con que lo hice con aquel buen amigo a quien conocí de tal manera, o más aún querer tratarlo igual y además esperar de este lo mismo que espero de aquel otro. No. Definitivamente no es posible. 

Sin embargo lo único que hace posible que esto de las relaciones sea solo un laberinto y no un caos es es el siguiente elemento: la verdad. Y la Verdad nos hace libres, y no hay mejor relación humana en la que hay verdad y libertad, cuando se ofrece y se vive en ellas. 

Yo no puedo obligar a nadie a quererme, y nadie puede obligarme a quererlo. Igualmente no puedo esperar algo que el otro no es capaz de darme, aún cuando lo desee mucho, aun cuando el otro me quiera mucho jamas debería pedirle a una árbol de manzanas que me de un mango. 

Continuamente veo a parejas que ya en el matrimonio sufren verdaderamente, porque su cónyuge no hace tal o cual gesto y esto lo interpretan como una falta de amor y la relación empieza a dañarse. Lo cierto es que las mas de las veces esperan mangos de un manzano, y por alguna razón no se fijan que aunque el árbol no les da mangos, si les esta dando muy buenas manzanas. Espero que con tan vegetal ejemplo no haya perdido ya su comprensión. 

A veces veo a hijos jóvenes batallar con sus Padres, porque no son lo que ellos quieren y no logran quererlos por lo que son, y en el mismo plan encontramos a sus padres. 

Pobres de los que no han aprendido amar o no están aprendiendo a amar. Yo tengo un excelente Maestro de quien sigo aprendiendo (y no con facilidad) el magnifico privilegio y deber de amar en verdad y en libertad. Cuando batallo él hace resonar dentro de mí una voz profética que me recuerda que esa persona con la que cada vez tengo menos paciencia es alguien que "es una amalgama de experiencias, sentimientos, afectos, ilusiones, etc,  etc." que por caridad tengo que obligarme a detenerme y considerar. 

Todos los seres humanos somos complicados, yo lo soy, tu lo eres, comprendernos no es fácil, pero sí podemos ser honestos y ofrecerle al otro (independientemente de esa ¨amalgama¨) un verdadero amor, libre y sano. Si la otra persona lo acepta dale gracias a Dios, si no lo acepta, no vale la pena amargarnos la vida por un problema de "amalgamas", no dejará de ser difícil, pero al final seguirás disfrutando tu vida y tu capacidad de amar, independientemente de una persona complicada, y entonces serás libre, y serás feliz, encontrarás el camino para salir de ese - a veces enjaquecado - laberinto de las relaciones humanas. 

lunes, 16 de julio de 2012

Fortea VS Asmodeo

Dentro de mis lecturas frecuentes por la web, eventualmente me detengo a leer los comentarios del Padre Fortea un curioso sacerdote especialista en demonología que invierte más su tiempo y pensamiento en hablar de Dios y de nuestra forma de celebrarlo que de alimentar el morbo por aquel personaje oscuro que levanta la curiosidad simple de muchos. Allí en sus publicaciones en un ritmo casi cómico es interpelado por un tal "Asmodeo", algún cibernauta de tintes agnósticos con una clara repulsión a la figura clerical y que además ha elegido el nombre de un demonio para hacer sus "curiosas" intervenciones. 

Esta escena continua del sacerdote que se encarga de hacer comentarios en torno a la fe y a la liturgia mientras es asediado por "asmodeo" llega hasta a ser un poco cómica y al mismo tiempo didáctica, mientras el Padre Fortea hace lo que todos supondríamos que un sacerdote debe hacer (hablar de Dios) aquel amigo de antifaz demoniaco no hace lo que básicamente un ser humano debería hacer, disfrutar su vida, y aprovechar su ingenio y sus dotes literarias para hacer un propio blog -al menos- donde plasmar sus ideas de un modo más digno en vez de llenar el blog de su enemigo el cura de comentarios de los que hasta podría volverme fan. 

El punto es a mi parecer el siguiente: Dios nos ha regalado un cumulo increible de capacidades y talentos que siendo bien utilizados harían de este mundo un hermoso mural de expresiones creativas en vez de una simple barda en la que anónimos rencores se expresan con violencia atentando contra otros. 

Es muy interesante reconocer que en este momento del "boom" de las redes sociales una persona puede ser conocida de una manera muy obvia por sus publicaciones en Facebook. Basta echarle un ojo al muro de alguien para darnos cuenta del vacío de su vida, o de los rencores que viene cargando, o de los estereotipos que se buscan cuando no se tiene bien definida la propia personalidad. Pero sobre todo y volviendo al punto, podemos también darnos cuenta si tenemos la intención correcta, de reconocer algunas cualidades que también pueden aparecer en medio de esa congestión de opiniones, indirectas y reclamos. 

Lo cierto es que con tan magníficos foros de opinión, el cristiano debería ver una oportunidad nunca antes pensada para anunciar y vivir el evangelio. Se trata de hacer uso de ellos con una mentalidad madura reconociendo que la globalidad de opiniones publicas tiene su riesgo obvio de no ser aceptado por algunos que no tienen la misma opinión, que no tienen el mismo proceso de fe y que definitivamente un medio como estos no es jamas el mejor lugar para realizar un debate y menos un pleito de perros y gatos. 

Así el Padre Fortea continúa publicando en el Blog sus opiniones y el Asmodeo continúa vituperando en los comentarios. El evangelio es anunciado y quien quiera aprovecharlo lo hará sin duda y donde no sea recibido hay que recordar las claras instrucciones del mismo evangelios "sacúdanse el polvo de los pies" y a seguir en el camino. 

jueves, 7 de junio de 2012

¿Qué soñaste ayer?


No recuerdo exactamente a que edad lo soñé pero debió ser cuando era niño, porque no había ningún prejuicio ni obstáculo propio de la edad avanzada. Yo estaba en el lugar de la crucifixión y podía ver toda la escena en un tono rojizo matizado por mucho polvo que volaba a causa de un fuerte viento.

Nunca vi SU rostro, pero tenía la sensación de que no era necesario, yo sabía que estaba ahí. Además porque en ese momento parecía que lo importante era mirar hacia el suelo donde  recuerdo haber visto aquellos clavos que sabía en qué serían usados, así que me fui acercando hasta que los tuve suficientemente cerca. Muy cerca de los clavos había un acantilado. Con una discreción irreal pateé los clavos que se fueron hacia al abismo. Y así en sueños me sentí increiblemente contento, tanto que cuando desperté seguía sonriendo. 

Hoy creo que esto pudo ser un sueño de alguna película que quizás vi, pero lo que sí fue muy original fue la alegría de aquella noche y de aquella mañana. 

En mi sueño yo sentía que había salvado a Jesús. Sabía que ya no lo iban a poder crucificar porque yo había arrojado los clavos hacía el vacío. Ese es uno de mis sueños favoritos aunque ahora mis estudios teológicos me digan que más bien hubiera obstaculizado el plan de salvación, como alguna vez lo intento San Pedro impidiéndole a Jesús ir a Jerusalén. Pero bueno, era un niño. Y así de niño mi sueño y mi anhelo era vivir con Jesús; Él vivo y yo vivo.

Cuando en las diferentes películas y propagandas motivacionales especialmente dirigidas a jóvenes reconozco ese reclamo de recuperar los sueños que alguna vez tuvimos y realizarlos, me pregunto cuales son los sueños de nuestros jóvenes actualmente. 

Soy enemigo de sobrevalorar el pasado como paradigma único y estático de un mejor futuro, pero sí creo que hay muchas cosas muy buenas en el pasado, y creo que los jóvenes de hace ya algunos cincuenta o más años soñaban con un oficio digno, con la posibilidad de aprender, soñaban con una familia, soñaban con formar un matrimonio solido, soñaban con aportar algo bueno a este mundo. Y ante este panorama me da miedo reconocer en algunos jóvenes que sueñan con cumplir todos los placeres físicos como meta única de su vida. (entiéndase bien lo que intento decir, lo placentero que esta  dentro de lo verdaderamente humano no es nunca un pecado)
Sin embargo también creo que muy pocos hombres, en todos los tiempos, han soñado con ser santos. Asumo  en mi propia experiencia que mis sueños han tenido más de mundo que de cielo, y es cuando  me esfuerzo por recordar el sueño de aquella noche que ya les platiqué. Un sueño que me revela el gran amor que es para mí, Jesús.

Mi trabajo en parroquia especialmente con jóvenes ha tenido por intención principal proveerles de una experiencia personal con Cristo real, verdadera y purificada de emociones y objetos que no deben de estar. Con esto he querido lograr que del único de quien estén enamorados sea de Cristo, que al único que “endiosen” sea a Dios, que al único que les duela perder sea a Él…y que su sueño más atesorado sea el llegar a unirse plenamente a él, después de vivir en este mundo transfigurándonos en él.

Hay una labor titánica para mí, proveer a todos los jóvenes de mi parroquia (más los que se dejen) de esta experiencia personal con Cristo. Pero me preocupa algo, que gracias a Dios no sabré porque eso le corresponde a Dios: Dentro de los muchos sueños de los jóvenes que ya participan en la iglesia ¿existirá como un sueño personal, la santidad?  ¿Soñarán de vez en cuando con un mundo que conozca y ame a Dios? ¿Sueñan con estar un día cara a cara con Dios llenos de alegría y de paz? ¿O en sus sueños no hay cabida para estos anhelos? ¿Sus sueños se limitarán a un trabajo bien remunerado, una casa y un carro?¿SOÑARÁN CON SER SANTOS?

Creo, y nadie me dejarán mentir, que cuando se ama alguien, se sueña constantemente con ese “alguien”. Yo puedo compartirles que soñar con Dios dormido es maravilloso, pero soñar con Dios estando despierto es un sueño ya realizado. 

lunes, 14 de mayo de 2012

Lúceme tu luz


Lúceme tu luz en tan profunda tiniebla
y viéndome sediento, a tus fuentes me dirigí.
Encontré tu noria entre pastos tranquilos
Y abrevando satisfecho en tu amor me diluí.

Llévame, Pastor, entre tus brazos a pastar felicidad
a saciarme de tus ríos, a embriagarme en tu bondad.
Que mi alma insatisfecha no desvíe su camino
nunca pierda su destino, que no pruebe la maldad.

Yo me reconozco oveja perdida,
virgen imprudente, viñadar que entraña mal.
Hoy me encuentro en el camino como ocioso jornalero
que a la vera del sendero espera a que lo vengas a llamar.

Luce, Señor, en mis labios para poder por ti hablar,
luce, Señor, en mis ojos para que vea tu verdad,
Queme tu luz mis entrañas para que te pueda amar
y que al fin ya en tu camino tu amor pueda gritar.


Bendito seas Padre Santo, por tu gloriosa inefabilidad,
bendito tu Hijo divino por su sangre derramar,
y el Espíritu Santo, gloria eterna, por venir  esta carne consolar. Amén. 

 (Escrito el 8 de Mayo de 2004)

De tu cielo



He cruzado el cielo, lo he tocado con mis manos, he guardado una nube blanca en mi bolsillo vacío y me he colocado una estrella en la solapa.

Yo he ido al cielo, lo he cruzado de un horizonte a otro y en la inundación azul de tal inmensidad me he encontrado al sol. Me ha dicho - estoy contigo - me ha regalado uno de sus rayos. Con él viajé por mi noche y en la terrible y angustiosa oscuridad, gracias a aquel rayo, vi estrellas. Nada siguió siendo oscuro, no volví a tener miedo.

Yo he tocado el cielo, nadie me puede mentir, yo se lo que es envolverme en su tranquilidad, dejarme acariciar por sus brisas, degustar sus silencios.

Quien quiera viajar conmigo deje su carne en el suelo, junte sus manos y emprenda el vuelo, que nada se necesita para llegar a verlo, solo abrir los ojos, quitarse el velo y decir
con voz fuerte  “Yo espero”

Nadie tema ir al cielo, ¿Cómo temer a tan gran premio? Yo espero, y lo sigo haciendo, volar entre ángeles, robar luceros y llegar con ellos a la estrella matutina de dorados cabellos, madre de toda esperanza y de todo consuelo.

Yo no temo al cielo, más bien lo deseo. Sepan mis más amados lo que siento, lo que espero, pues los he amado a ellos por amar antes el cielo.Señor de mis profundos silencios, de mis ruegos más tercos, hazme mirar tu cielo de nuevo algún día. Yo soy tu hijo y también tu más absurdo siervo ¿pero es que acaso no fue una mula y un buey quienes adornaron el pesebre navideño? hazme pues Señor brillar en tu cielo
(Escrito el 27 de Febrero del 2006)

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jueves, 10 de mayo de 2012

Que gran idea, Señor


Mi amado Señor:

Hoy es día de las madres, el mundo se vuelca en miles de signos llenos de amor hacía las mujeres que vivieron en un su vientre un milagro que hoy muchas leyes tratan de desestimar y aun destruir.
Nunca me deja de sorprender el modo en que construiste este universo bajo un orden y una función específica para cada cosa y cada persona. Realmente ardo en curiosidad de saber cómo surgió en tu eterna mente la idea de las  mamás, pero de lo que sí estoy seguro es que sonreíste con aire especialmente triunfante y en ese mismo momento te entró la idea de tener una para ti.

Las mamás de todos los tiempos iban a manifestar con un reflejo especialísimo el amor divino de sentir a un ser humano como parte inherente de su propio ser, y cómo no sería eso, si nueve meses en el vientre hacen que aún después de dar a luz, las mamás sigan recordando sin dificultad la sensación llevar a sus hijos en el vientre muy cerquita de su corazón. Así la maternidad se convierte en divinidad, divinidad que viene de ti y no de una fuerza “fecundadora” en un cosmos anónimo e impersonal.

Sigo pensando en tu sonrisa cuando las ideaste, aunque creo que hubo algún momento en que seguro también derramaste una lágrima cuando en tu visión eterna las viste llorando en silencio por sus hijos. De algo estoy seguro: no las hiciste perfectas, pero las creaste llenas de un amor que desafortunadamente el hombre llega a entender hasta que nos las tenemos entre nosotros.

Y es que realmente no sé si reprocharte el que antes no les hayas dado un curso intensivo de maternidad, y sinceramente no lo digo por mi propio beneficio, sino porque hasta la fecha las escucho decir a sus veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta o más años, “es que no se si lo que estoy haciendo estoy bien”.  A ninguna mamá le enseñaron  a ser mamá, pero ese instructivo faltante se compensa, sobremanera, con ese amor infuso de quien sabe que ante todo tiene que nutrir, custodia, guíar y corregir…tal y como Dios lo hace.

Que difícil nos resulta a todos aceptar sus reproches y exigencias: ningún hijo puede decir que su mamá no le habla por teléfono, pero existe una lista interminable de mamás que lloran junto al suyo.  Más difícil aún nos resulta olvidar, sus coscorrones, chancletazos, gritos, pellizcos, nalgadas y aquellas palabras que surgieron de la inexperiencia maternal más que de la falta de amor, mientras en el mundo vamos permitiendo e incluso buscando a aquellos y aquellas que nos tratan aún peor y ellos sí por una clara manifestación de indiferencia y desamor, y así aquella mujer que tanto le reprocha a su madre un regaño, hoy permite que su novio (u esposo) la golpee, maltrate, violente; sucede lo mismo con los hombrecillos que tan exigentes son en la mesa de casa materna y que después tiene que aceptar a que la esposa aprenda después de muchos años a hacer una simple sopa.

Ahora entiendo que toda esta ola de injusticias y reclamos hacia ellas no hacen más que asemejarlas a ti no solo por el milagro de la creación sino incluso, por el dolor redentor de las lagrimas en la soledad del huerto de Getsemaní y la humillación de la cruz. Y mira que hay tantas mamás crucificadas por sus hijos.

Pero sabes Señor, hoy sobre todo pienso en otras mamás. Primero me vienen a la mente todas aquellas mujeres a las que aún y a pesar de sus cortas edades o sus exitosas carreras profesionales les diste la oportunidad y la confianza de ser mamás y en la confusión de un mundo cada vez más deshumanizado cometieron el grave error de rechazar con crueldad a un inocente que nunca pidió ser creado. Te pido por ellas que también son mamás y lo serán siempre, aun sin esos pequeños, te pido por su consuelo, por su dolor, por su arrepentimiento, te pido yo y te lo piden los millones de niños abortados que ya están junto a ti.

Pido sobre todo por aquellos matrimonios en lo que hay mamás en espera, para que ya no esperen tanto, para que en tu santa voluntad les concedas un hijo y ellas los busquen donde ellos las esperan: algunos en el acto de amor íntimo y lleno de esperanza de los esposos y otros en algún orfanato de sollozos expectantes.

Yo tengo que darte gracias por la Mamá que me regalaste, no sé si tú me la asignaste o me asignaste a mí para ella, pero es la correcta para mí. Reconozco todos sus errores y por eso no me da miedo errar, porque sé que ella me enseño a corregirlos. Ella me enseño a orar, a buscarte y a esperar todo de ti, y eso con tan solo verla.

Señor, creo que hoy de manera especial tengo que darte la gracias por tan magnífica idea y milagro, mira que contener tanto amor en frascos tan sencillos que están al alcance de todos. Y felicidades a tu Señora Madre, tan linda ella y tan buena hija tuya, al mismo tiempo.


Saludos, Señor amado. Mantenme junto a ti y dame un corazón bueno. 

martes, 1 de mayo de 2012

La importancia de la admiración


Y hoy 30 de abril fue para mí, el día de la amistad…posiblemente vaya un poco desfasado del calendario de eventos, sin embargo, así pasó.

Suspiro. Dios me ha regalado magníficos amigos, ¡y más que amigos! : Hermanos. A ellos no solo los estimo, va más allá, precisamente porque la simple emotividad es algo tan complicado y confuso en algunos momentos. Vaya, a ellos los admiro. Dios me dio amigos-hermanos dignos de ser admirados y bueno, eso algunas veces me hace sentir –de una manera más sana y menos exagerada- como una caricatura de la cadena de TV Warner Bros donde salía Chester y Spike (quienes hayan visto la caricatura entenderán).

Dios me ha regalado la oportunidad de crecer junto a ellos, en estatura, sabiduría y gracia (y kilos agregaría yo) y seguir aprendiendo de ellos. Me alegra verlos crecer, superarse, equivocarse y corregirse, me emocionan sus proyectos y me mantienen en expectación sus silencios.

Me decidí a escribir esto hoy, aunque tengo que confesarles que lo traigo en mi cabeza resonando como una sonaja desde hace mucho tiempo, así que no es emoción del momento. Me ha dado la oportunidad de entender lo importante que es tener en la amistad ese elemento de admiración por el otro, por lo bien que hacen las cosas, por la claridad de su mente, por su ingenio, por su creatividad, en fin por todo lo que ellos hacen, haciendo de este mundo algo mejor en sus territorios.

Suspiro. No sé cuánto tiempo mis ojos verán esto, pero hasta hoy ha sido noble y gratificante. Tiempo, espacio y distancia pudieran parecer amenazantes a esta historia, pero yo prefiero pensar que cuando en toda historia el protagonista es Dios, el resto de los personajes, seguiremos sonriendo y viviendo cosas maravillosas. Sobre todo cuando es él el primero a quien siempre admirado, quizá por eso me alegra ver su imagen en mis hermanos.

Asi que, padres, D.I.G, gracias por su amistad en este día del niño. J