jueves, 7 de junio de 2012

¿Qué soñaste ayer?


No recuerdo exactamente a que edad lo soñé pero debió ser cuando era niño, porque no había ningún prejuicio ni obstáculo propio de la edad avanzada. Yo estaba en el lugar de la crucifixión y podía ver toda la escena en un tono rojizo matizado por mucho polvo que volaba a causa de un fuerte viento.

Nunca vi SU rostro, pero tenía la sensación de que no era necesario, yo sabía que estaba ahí. Además porque en ese momento parecía que lo importante era mirar hacia el suelo donde  recuerdo haber visto aquellos clavos que sabía en qué serían usados, así que me fui acercando hasta que los tuve suficientemente cerca. Muy cerca de los clavos había un acantilado. Con una discreción irreal pateé los clavos que se fueron hacia al abismo. Y así en sueños me sentí increiblemente contento, tanto que cuando desperté seguía sonriendo. 

Hoy creo que esto pudo ser un sueño de alguna película que quizás vi, pero lo que sí fue muy original fue la alegría de aquella noche y de aquella mañana. 

En mi sueño yo sentía que había salvado a Jesús. Sabía que ya no lo iban a poder crucificar porque yo había arrojado los clavos hacía el vacío. Ese es uno de mis sueños favoritos aunque ahora mis estudios teológicos me digan que más bien hubiera obstaculizado el plan de salvación, como alguna vez lo intento San Pedro impidiéndole a Jesús ir a Jerusalén. Pero bueno, era un niño. Y así de niño mi sueño y mi anhelo era vivir con Jesús; Él vivo y yo vivo.

Cuando en las diferentes películas y propagandas motivacionales especialmente dirigidas a jóvenes reconozco ese reclamo de recuperar los sueños que alguna vez tuvimos y realizarlos, me pregunto cuales son los sueños de nuestros jóvenes actualmente. 

Soy enemigo de sobrevalorar el pasado como paradigma único y estático de un mejor futuro, pero sí creo que hay muchas cosas muy buenas en el pasado, y creo que los jóvenes de hace ya algunos cincuenta o más años soñaban con un oficio digno, con la posibilidad de aprender, soñaban con una familia, soñaban con formar un matrimonio solido, soñaban con aportar algo bueno a este mundo. Y ante este panorama me da miedo reconocer en algunos jóvenes que sueñan con cumplir todos los placeres físicos como meta única de su vida. (entiéndase bien lo que intento decir, lo placentero que esta  dentro de lo verdaderamente humano no es nunca un pecado)
Sin embargo también creo que muy pocos hombres, en todos los tiempos, han soñado con ser santos. Asumo  en mi propia experiencia que mis sueños han tenido más de mundo que de cielo, y es cuando  me esfuerzo por recordar el sueño de aquella noche que ya les platiqué. Un sueño que me revela el gran amor que es para mí, Jesús.

Mi trabajo en parroquia especialmente con jóvenes ha tenido por intención principal proveerles de una experiencia personal con Cristo real, verdadera y purificada de emociones y objetos que no deben de estar. Con esto he querido lograr que del único de quien estén enamorados sea de Cristo, que al único que “endiosen” sea a Dios, que al único que les duela perder sea a Él…y que su sueño más atesorado sea el llegar a unirse plenamente a él, después de vivir en este mundo transfigurándonos en él.

Hay una labor titánica para mí, proveer a todos los jóvenes de mi parroquia (más los que se dejen) de esta experiencia personal con Cristo. Pero me preocupa algo, que gracias a Dios no sabré porque eso le corresponde a Dios: Dentro de los muchos sueños de los jóvenes que ya participan en la iglesia ¿existirá como un sueño personal, la santidad?  ¿Soñarán de vez en cuando con un mundo que conozca y ame a Dios? ¿Sueñan con estar un día cara a cara con Dios llenos de alegría y de paz? ¿O en sus sueños no hay cabida para estos anhelos? ¿Sus sueños se limitarán a un trabajo bien remunerado, una casa y un carro?¿SOÑARÁN CON SER SANTOS?

Creo, y nadie me dejarán mentir, que cuando se ama alguien, se sueña constantemente con ese “alguien”. Yo puedo compartirles que soñar con Dios dormido es maravilloso, pero soñar con Dios estando despierto es un sueño ya realizado. 

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