lunes, 14 de mayo de 2012

Lúceme tu luz


Lúceme tu luz en tan profunda tiniebla
y viéndome sediento, a tus fuentes me dirigí.
Encontré tu noria entre pastos tranquilos
Y abrevando satisfecho en tu amor me diluí.

Llévame, Pastor, entre tus brazos a pastar felicidad
a saciarme de tus ríos, a embriagarme en tu bondad.
Que mi alma insatisfecha no desvíe su camino
nunca pierda su destino, que no pruebe la maldad.

Yo me reconozco oveja perdida,
virgen imprudente, viñadar que entraña mal.
Hoy me encuentro en el camino como ocioso jornalero
que a la vera del sendero espera a que lo vengas a llamar.

Luce, Señor, en mis labios para poder por ti hablar,
luce, Señor, en mis ojos para que vea tu verdad,
Queme tu luz mis entrañas para que te pueda amar
y que al fin ya en tu camino tu amor pueda gritar.


Bendito seas Padre Santo, por tu gloriosa inefabilidad,
bendito tu Hijo divino por su sangre derramar,
y el Espíritu Santo, gloria eterna, por venir  esta carne consolar. Amén. 

 (Escrito el 8 de Mayo de 2004)

De tu cielo



He cruzado el cielo, lo he tocado con mis manos, he guardado una nube blanca en mi bolsillo vacío y me he colocado una estrella en la solapa.

Yo he ido al cielo, lo he cruzado de un horizonte a otro y en la inundación azul de tal inmensidad me he encontrado al sol. Me ha dicho - estoy contigo - me ha regalado uno de sus rayos. Con él viajé por mi noche y en la terrible y angustiosa oscuridad, gracias a aquel rayo, vi estrellas. Nada siguió siendo oscuro, no volví a tener miedo.

Yo he tocado el cielo, nadie me puede mentir, yo se lo que es envolverme en su tranquilidad, dejarme acariciar por sus brisas, degustar sus silencios.

Quien quiera viajar conmigo deje su carne en el suelo, junte sus manos y emprenda el vuelo, que nada se necesita para llegar a verlo, solo abrir los ojos, quitarse el velo y decir
con voz fuerte  “Yo espero”

Nadie tema ir al cielo, ¿Cómo temer a tan gran premio? Yo espero, y lo sigo haciendo, volar entre ángeles, robar luceros y llegar con ellos a la estrella matutina de dorados cabellos, madre de toda esperanza y de todo consuelo.

Yo no temo al cielo, más bien lo deseo. Sepan mis más amados lo que siento, lo que espero, pues los he amado a ellos por amar antes el cielo.Señor de mis profundos silencios, de mis ruegos más tercos, hazme mirar tu cielo de nuevo algún día. Yo soy tu hijo y también tu más absurdo siervo ¿pero es que acaso no fue una mula y un buey quienes adornaron el pesebre navideño? hazme pues Señor brillar en tu cielo
(Escrito el 27 de Febrero del 2006)

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jueves, 10 de mayo de 2012

Que gran idea, Señor


Mi amado Señor:

Hoy es día de las madres, el mundo se vuelca en miles de signos llenos de amor hacía las mujeres que vivieron en un su vientre un milagro que hoy muchas leyes tratan de desestimar y aun destruir.
Nunca me deja de sorprender el modo en que construiste este universo bajo un orden y una función específica para cada cosa y cada persona. Realmente ardo en curiosidad de saber cómo surgió en tu eterna mente la idea de las  mamás, pero de lo que sí estoy seguro es que sonreíste con aire especialmente triunfante y en ese mismo momento te entró la idea de tener una para ti.

Las mamás de todos los tiempos iban a manifestar con un reflejo especialísimo el amor divino de sentir a un ser humano como parte inherente de su propio ser, y cómo no sería eso, si nueve meses en el vientre hacen que aún después de dar a luz, las mamás sigan recordando sin dificultad la sensación llevar a sus hijos en el vientre muy cerquita de su corazón. Así la maternidad se convierte en divinidad, divinidad que viene de ti y no de una fuerza “fecundadora” en un cosmos anónimo e impersonal.

Sigo pensando en tu sonrisa cuando las ideaste, aunque creo que hubo algún momento en que seguro también derramaste una lágrima cuando en tu visión eterna las viste llorando en silencio por sus hijos. De algo estoy seguro: no las hiciste perfectas, pero las creaste llenas de un amor que desafortunadamente el hombre llega a entender hasta que nos las tenemos entre nosotros.

Y es que realmente no sé si reprocharte el que antes no les hayas dado un curso intensivo de maternidad, y sinceramente no lo digo por mi propio beneficio, sino porque hasta la fecha las escucho decir a sus veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta o más años, “es que no se si lo que estoy haciendo estoy bien”.  A ninguna mamá le enseñaron  a ser mamá, pero ese instructivo faltante se compensa, sobremanera, con ese amor infuso de quien sabe que ante todo tiene que nutrir, custodia, guíar y corregir…tal y como Dios lo hace.

Que difícil nos resulta a todos aceptar sus reproches y exigencias: ningún hijo puede decir que su mamá no le habla por teléfono, pero existe una lista interminable de mamás que lloran junto al suyo.  Más difícil aún nos resulta olvidar, sus coscorrones, chancletazos, gritos, pellizcos, nalgadas y aquellas palabras que surgieron de la inexperiencia maternal más que de la falta de amor, mientras en el mundo vamos permitiendo e incluso buscando a aquellos y aquellas que nos tratan aún peor y ellos sí por una clara manifestación de indiferencia y desamor, y así aquella mujer que tanto le reprocha a su madre un regaño, hoy permite que su novio (u esposo) la golpee, maltrate, violente; sucede lo mismo con los hombrecillos que tan exigentes son en la mesa de casa materna y que después tiene que aceptar a que la esposa aprenda después de muchos años a hacer una simple sopa.

Ahora entiendo que toda esta ola de injusticias y reclamos hacia ellas no hacen más que asemejarlas a ti no solo por el milagro de la creación sino incluso, por el dolor redentor de las lagrimas en la soledad del huerto de Getsemaní y la humillación de la cruz. Y mira que hay tantas mamás crucificadas por sus hijos.

Pero sabes Señor, hoy sobre todo pienso en otras mamás. Primero me vienen a la mente todas aquellas mujeres a las que aún y a pesar de sus cortas edades o sus exitosas carreras profesionales les diste la oportunidad y la confianza de ser mamás y en la confusión de un mundo cada vez más deshumanizado cometieron el grave error de rechazar con crueldad a un inocente que nunca pidió ser creado. Te pido por ellas que también son mamás y lo serán siempre, aun sin esos pequeños, te pido por su consuelo, por su dolor, por su arrepentimiento, te pido yo y te lo piden los millones de niños abortados que ya están junto a ti.

Pido sobre todo por aquellos matrimonios en lo que hay mamás en espera, para que ya no esperen tanto, para que en tu santa voluntad les concedas un hijo y ellas los busquen donde ellos las esperan: algunos en el acto de amor íntimo y lleno de esperanza de los esposos y otros en algún orfanato de sollozos expectantes.

Yo tengo que darte gracias por la Mamá que me regalaste, no sé si tú me la asignaste o me asignaste a mí para ella, pero es la correcta para mí. Reconozco todos sus errores y por eso no me da miedo errar, porque sé que ella me enseño a corregirlos. Ella me enseño a orar, a buscarte y a esperar todo de ti, y eso con tan solo verla.

Señor, creo que hoy de manera especial tengo que darte la gracias por tan magnífica idea y milagro, mira que contener tanto amor en frascos tan sencillos que están al alcance de todos. Y felicidades a tu Señora Madre, tan linda ella y tan buena hija tuya, al mismo tiempo.


Saludos, Señor amado. Mantenme junto a ti y dame un corazón bueno. 

martes, 1 de mayo de 2012

La importancia de la admiración


Y hoy 30 de abril fue para mí, el día de la amistad…posiblemente vaya un poco desfasado del calendario de eventos, sin embargo, así pasó.

Suspiro. Dios me ha regalado magníficos amigos, ¡y más que amigos! : Hermanos. A ellos no solo los estimo, va más allá, precisamente porque la simple emotividad es algo tan complicado y confuso en algunos momentos. Vaya, a ellos los admiro. Dios me dio amigos-hermanos dignos de ser admirados y bueno, eso algunas veces me hace sentir –de una manera más sana y menos exagerada- como una caricatura de la cadena de TV Warner Bros donde salía Chester y Spike (quienes hayan visto la caricatura entenderán).

Dios me ha regalado la oportunidad de crecer junto a ellos, en estatura, sabiduría y gracia (y kilos agregaría yo) y seguir aprendiendo de ellos. Me alegra verlos crecer, superarse, equivocarse y corregirse, me emocionan sus proyectos y me mantienen en expectación sus silencios.

Me decidí a escribir esto hoy, aunque tengo que confesarles que lo traigo en mi cabeza resonando como una sonaja desde hace mucho tiempo, así que no es emoción del momento. Me ha dado la oportunidad de entender lo importante que es tener en la amistad ese elemento de admiración por el otro, por lo bien que hacen las cosas, por la claridad de su mente, por su ingenio, por su creatividad, en fin por todo lo que ellos hacen, haciendo de este mundo algo mejor en sus territorios.

Suspiro. No sé cuánto tiempo mis ojos verán esto, pero hasta hoy ha sido noble y gratificante. Tiempo, espacio y distancia pudieran parecer amenazantes a esta historia, pero yo prefiero pensar que cuando en toda historia el protagonista es Dios, el resto de los personajes, seguiremos sonriendo y viviendo cosas maravillosas. Sobre todo cuando es él el primero a quien siempre admirado, quizá por eso me alegra ver su imagen en mis hermanos.

Asi que, padres, D.I.G, gracias por su amistad en este día del niño. J