lunes, 21 de noviembre de 2011

Mi Rey, mi herencia, mi dignidad de ser hijo de un Rey

El día de ayer, domingo, celebramos a Cristo Rey del universo. No fue fácil para mí predicar, por un lado las lecturas de la misa tenía un contenido inmenso y rico que me recordaba aquellos grandes bufetes de los restaurantes en donde no sabes por  dónde empezar y qué comer primero. Por otro lado estaba también la riqueza del testimonio histórico en nuestro país donde hombres y mujeres defendieron con su propia vida su fe entregándose completamente  al mismísimo modo en que habla el libro del Apocalipsis “y no amaron tanto su vida que temieran a la muerte” y por otro lado también estaba mi propia apreciación de mi Cristo, de mi Señor, de mi Rey, mi deseo de hablar desde mi propia experiencia el significado tenerlo verdaderamente como Rey y Pastor.

Ayer el dilema de la elección de la prédica se la deje al Espíritu Santo, y espero que de todo lo que dije, el se haya encargado de hacer germinar en los corazones de los fieles un mensaje efectivo, sin embargo este espacio me da la oportunidad de hablar de eso último que he mencionado arriba, Cristo como MI Rey.

La gratuidad de Dios le concede al hombre dones y regalos que muchas veces no nos detenemos a pensar que no los obtuvimos por medio de algún esfuerzo personal.  Dios me ha dado la oportunidad, sin embargo, de ser sensible a ello. Reconozco en mi vida un sin número de maravillas de las que él me ha provisto. El Rey me ha honrado con muchas cosas, muchas personas, muchas experiencias, y en algún momento del que no recuerdo fecha ni hora  decidí que lo mejor era que él fuera gobernando mi vida y que al mismo tiempo fuera mi pastor. Y así ha sucedido, este gobernador de mi vida gusta de delegarme decisiones una veces atino a elegir lo correcto pero otras tantas me equivoco y entonces viene él y de alguna manera inefable repara mi daño y hace florecer dónde yo destruí. Es también mi Pastor y me he dado cuenta  que mi Pastor no sabe hacer muy bien cálculos, de cada cien ovejas no se va solamente una, sino que unas veinte máximo  son las que se quedan en el redil mientas que los otros salimos corriendo como chivas frenéticas en búsqueda de lo desconocido, pero lo que sí es correcto es que el sale pacientemente todas las tardes a buscarnos, a cargarnos en sus hombros, a curarnos, a depositarnos otra vez en su redil.

 Mi Señor, es Rey de nobleza infinita, cuando hago oración me deja ver en sus ojos la esperanza viva y efectiva de que todos sus hijos adoptivos reconozcan la suprema dignidad de ser hijos del Rey del universo, de ser herederos del cielo. El siempre nos mira con esperanza. Mira con esperanza al niño pequeño que ve a sus padres lejos de él, mira con esperanza al adolescente que empieza a probar su libertad y la usa incorrectamente, mira con esperanza al joven que aun no tienen ningún proyecto en su vida y la desperdicia como aquel hijo de la parábola, mira con esperanza a aquel matrimonio que han empezado a destruirse y herirse con pequeñas actitudes egoístas; el nos mira a todos con esperanza y empieza a mover cosas, a hacer pequeños milagros que nos dan la oportunidad de reaccionar y reajustar la ruta y descubrir nuestra dignidad.

Este es mi Rey, así es él. ¿Cómo no amarlo? ¿Cómo no ponerme a sus pies? ¿Cómo no confiar en él?
Él me ha enseñado que la autoridad es servicio y que el poder más grande es el del amor, que los ciudadanos de su reino no son súbditos sino hijos, y que él más haya de ser Rey quiso ser nuestro Padre. Cristo es mi Rey, y se me llena la boca de alegría cuando lo pronuncio en voz alta, mientras que el corazón se siente seguro a su sombra.

Mi idea no es solo celebrar a Cristo Rey, sino disfrutar a Cristo Rey confiando siempre en que si el gobierna mi vida lo más seguro es que la tragedia más grande terminará siendo transformada en gracia y en felicidad divina, de esa que el mundo y los reyes de este mundo no me pueden dar. 

lunes, 7 de noviembre de 2011

La maravilla de saber caminar

Algún día iniciamos el caminar de nuestra vida y llevamos caminando 15, 20, 30 o más años. Contamos con la ayuda de alguien que nos animó a hacerlo y que nos miró con alegría dar los primeros pasos. Hubo también alguien que nos curó con un golpe los golpes que tuvimos sufrir para poder caminar. Dios quiso que fuera así. Que todo niño tuviera la oportunidad de contar con al menos con un par de personas que animaran y custodiaran nuestro camino.

Seguimos creciendo y la emoción de los primeros pasos quedó atrás. Un largo camino de nuevos retos nos fue motivando a andar y empezamos a caminar más o menos de manera autónoma hasta que un día sin darnos cuenta ya avanzábamos seguros pero quizás sin la compañía de alguien, Pero la voluntad de Dios siempre ha sido la misma: no quiere que el hombre esté solo. Empezamos a desdeñar la compañía de quienes custodiaron y nos animaron en los primeros pasos e integramos por nuestro propio gusto a otras personas. Sin embargo las experiencias son duras. Muchas personas con las que compartimos camino se han quedado atrás, se han ido o se han adelantado por una u otra razón, y nos encontramos en algunos momentos solos, y posiblemente en el momento en el que más hubiéramos querido que alguien nos acompañara.

Y es que a veces mientras caminando caemos en la frustración de no saber hacia dónde vamos, hemos recorrido caminos exóticos y entre comillas bellos, pero que no aportaron nada a mi camino y que por el contrario lo único que hicieron fue que perdiera el tiempo y cansara el paso. Siempre será necesario fijar un destino, la ruta se decidirá en el camino, todo cambia y seguramente muchas veces tendremos que tener el criterio suficiente como para reconocer el camino correcto a seguir de entro todos los caminos que se nos abren de frente.

Es absolutamente necesario también valorar y reconocer a nuestros verdaderos compañeros de camino. No querrás caminar toda tu vida con alguien que tiene nada en común contigo o que será incapaz de comunicarse logrando con esto únicamente hacer tenso el camino. O tampoco querrás contar con alguien que te abandone a mitad de camino.  Es más, siempre será indispensable reconocer a quien te enseño a caminar, a ellos nunca los sueltes.

Verifica siempre estar calzado de lo mejor para poder caminar sobre todo terreno, checa que tus provisiones sean siempre nutritivas y verdaderamente sanas y revitalizantes.

Los mejores caminantes disfrutan el caminar por el simple hecho de avanzar de recorrer, saben que un tropiezo no es un nunca un obstáculo y que un obstáculo nunca es un final. No te preocupes si te tropiezas, por duro que haya sido el tropiezo y por más raspones que te hayas hecho sigue avanzando las heridas se curan con el tiempo. Nunca te detengas ante un obstáculo, supéralo, ningún obstáculo es más grande y poderoso que tu propio poder y la belleza del destino final.

Cristo es ese camino que esta dispuesto para que lo recorras y que al final recibas como premio algo que el mundo y ninguna creatura ni placer te podrá ofrecer nunca: la eternidad. La capacidad de vivir en plenitud y verdaderamente.

Ahora, fíjate bien, tu haz caminado ya hace un buen rato. Vale la pena que mires detenidamente cual es el camino que has estado siguiendo, ¿a dónde te lleva? ¿No estás caminando en círculos? ¿Estás detenido sin avanzar sentado a la orilla del camino, mientras vez a otros avanzar? ¿Te la has pasado curioseando veredas que te distraen de caminar productivamente por un camino que te lleve a un feliz término en tu vida?

sábado, 5 de noviembre de 2011

Cin-cuenta aunque sigo contando

Y llegó el número 50, solo cincuenta días para la navidad. No pude escribir el día correspondiente pero aquí estoy avisándoles como buen fanático de la navidad que la celebración del misterio de Dios que toma nuestra carne llegará en menos de 50 días. 

Vale la pena descubrir, como tantos santos lo dijeron, que el que Dios quisiera hacerse hombre hizo que la dignidad humana se elevara por encima de de valor real. Se los diré de otra manera: desde que Dios se hizo hombre el hombre se convirtió en un tesoro invaluable, se cotizo en una precio que solo podía pagar el mismo Dios. 

Entonces a alegrarnos porque la navidad también es una celebración de la humanidad que esta hecha de carne, de sentimientos, de esperanza, de oportunidades, de riqueza divina. Dios hizo que tu vida y la mía tuvieran por precio la Sangre de su Hijo, así que mas vale que valoremos nuestra vida a como es y no dejar que nadie la devalúe, sobre todo si esa devaluación viene de nosotros mismos. ¿Acaso alguna vez has pensado que tu vida es terrible y que no vales nada? Explícame entonces porque Dios quiso hacerse como tu y como yo. 

A prepararse para la navidad en todos los sentidos, primero a decorar el alma para que se exprese efectivamente en la decoración de nuestros hogares. 

CINCUENTA DÍAS, y de hecho menos de cincuenta, después de 315 días de espera. 

El orden cosmico

No se porque hice memoria de lo siguiente precisamente en este momento: «Nuestra psique está formada en armonía con la estructura del Universo y lo que sucede en el macrocosmos sucede igualmente en los rincones infinitesimales y más subjetivos de la psique.». Esto lo dijo un filosofo y psicólogo del siglo XX y  me viene a la mente en voz de mi vicerrector que lo resumía de la siguiente manera “Hay que ordenar primero el macrocosmos, para ordenar el microcosmos” y con ello invitaba a tener un orden respecto a todo lo que nos rodeaba y era exterior a nosotros. Algunas veces sería algo tan simple como ordenar el cuarto, tender la cama, barrer y trapear, pero en algunas otras ocasiones más bien esto se aplicaba al orden de todo aquello que estuviera en desorden fuera de mi, díganse distracciones y distractores, dígase prioridades y enfoques, etc.

Quizás no sea tan comprensible de lo que estoy hablando y trataré de explicárselos haciendo uso de mi propia vida y de mis experiencias más recientes. Alguien muy importante en mi vida familiar concluyó su recorrido por este mundo y se presentó ante el Eterno, frente a su Padre. Su cosmos se ha integrado ya de una manera que espero un día vivir. Pero en el caso de todos los que quedamos todavía en este mundo fugaz y etéreo su partida provocó una alteración en la armonía de nuestros cosmos – macrocosmos y microcosmos- y tenemos que habituarnos a esa alteración reciente.  

Su rol en el cosmos era diferente, para algunos era esposo, para otros Padre, para otros hermano, para otros amigos, e incluso para algunos era enemigos y todos resultamos afectados. En nuestro cosmos relacional algo pasa y necesitamos entenderlo. Miro entonces con cierta incertidumbre el macroscosmos familiar y veo que los elementos familiares se sacuden preocupados buscando remplazar o  avanzar rápidamente para no notar el cambio, la idea parece ser lógica: tenemos que subsanar ese cambio en el macrocosmos para que el microcosmos se ordene.

Por su parte la fe propone, no remplazar, no ignorar, sino alegrarse por la transformación divina de la que es parte nuestra historia cósmica.

Lo se, sigue siendo difícil. Hablemos pues sin lenguaje filosófico. La muerte de un ser querido nos arroja en nuestra débil humanidad a tomar decisiones que tienen como objetivo evitar sufrimientos que creemos que serán más hondos. La fe en Cristo, Hijo de Dios, venido en la Carne para que con su muerte y resurrección no fuéramos esclavos ni del pecado ni de la muerte es lo que realmente tienen que consolar y detener el sufrimiento de todos los que tenemos fe. Esta fe hace posible que la vida de los que permanecemos en este mundo esperando el momento en que también seamos llamados, transcurra llena de esperanza y alegría, porque sabemos que la vida no se acaba, se transforma. Hoy lo vivo, hoy lo sé.

No hay entonces necesidad de remplazar o de ignorar menospreciando el dolor, la vida seguirá como debe de seguir.

Lo siento si he sido ambiguo. Quizás esto lo he escrito para mí mismo y lo he publicado solo por si a alguien le pudiera servir. Mañana les prometo escribir algo menos complicado.